miércoles, 18 de julio de 2012

La Vida Cristiana Victoriosa Capitulo Diecinueve

Por Alan Redpath

Principios Para Seguir

Josué 23:11

1 Aconteció, muchos días después que Jehová diera reposo a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué, siendo ya viejo y avanzado en años, 
2 llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: Yo ya soy viejo y avanzado en años. 
3 Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa; porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros. 
4 He aquí os he repartido por suerte, en herencia para vuestras tribus, estas naciones, así las destruidas como las que quedan, desde el Jordán hasta el Mar Grande, hacia donde se pone el sol. 
5 Y Jehová vuestro Dios las echará de delante de vosotros, y las arrojará de vuestra presencia; y vosotros poseeréis sus tierras, como Jehová vuestro Dios os ha dicho. 
6 Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ello ni a diestra ni a siniestra; 
7 para que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos. 
8 Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis, como habéis hecho hasta hoy. 
9 Pues ha arrojado Jehová delante de vosotros grandes y fuertes naciones, y hasta hoy nadie ha podido resistir delante de vuestro rostro. 
10 Un varón de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por vosotros, como él os dijo. 
11 Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios. 
12 Porque si os apartareis, y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con vosotros, 
13 sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo, por azote para vuestros costados y por espinas para vuestros ojos, hasta que perezcáis de esta buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado.
14 Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas. 
15 Pero así como ha venido sobre vosotros toda palabra buena que Jehová vuestro Dios os había dicho, también traerá Jehová sobre vosotros toda palabra mala, hasta destruiros de sobre la buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado, 
16 si traspasareis el pacto de Jehová vuestro Dios que él os ha mandado, yendo y honrando a dioses ajenos, e inclinándoos a ellos. Entonces la ira de Jehová se encenderá contra vosotros, y pereceréis prontamente de esta buena tierra que él os ha dado. 
—Josué 23:1–16

El capitulo 23 del libro de Josué nos trae a un tiempo en el cual mas de veinte años han pasado desde que los israelitas entraron en la tierra de Canaán. La intensidad de esa campaña, las responsabilidades del liderazgo, el pasar de los años no habían sido en balde para su gran líder guerrero y habían dejado su marca sobre él. Ahora encontramos que él mismo ha dicho que ya es viejo y avanzado en años. En todo su alrededor el estaba viendo a gente que el había guiado a la tierra de bendición establecerse, aparentemente contenta con compartir la ocupación de la tierra con los pueblos de los cuales Dios les había mandado que echaran fuera. 

Al acercarse al cierre de su vida terrenal, Josué sintió el peligro de la transigencia del pueblo y lo confrontó. Primero llamó a sus líderes, y luego a las tropas, para darles a cada uno su mensaje de despedida. Usted se puede imaginar la escena cuando este viejo guerrero se dirigió a su pueblo. Caleb debía estar ente ellos. Finees el sumo sacerdote debía estar allí también. Muchos de los que habrían participado en cada batalla desde el día en el que habían cruzado el Jordán, y que habían permanecido firmes al lado de su líder en las buenas y en las malas, estarían presentes. Otros también estarían presentes: las nuevas generaciones aspirantes al liderazgo, ansiosos por seguir adelante con su vida y la conquista. 

En su discurso Josué habló a los líderes de los principios que tendrían que seguir si era que iban a establecerse firmemente en la tierra de bendición. Luego habló (capitulo 24) a las tropas en cuanto a las promesas que podrían recibir si era que iban a ver todas sus esperanzas materializarse. Mi corazón se emociona al escucharlo hablar de la fidelidad de Dios a través de los años que habían pasado diciendo, “No ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas.” (23:14). 

Desearía poder hablar a ustedes con una madurez y experiencia como la de Josué. ¡Como desearía que alguien pudiera volver de la eternidad para que hablara por unos momentos acerca de las cosas de Dios! Hay algunas cosas que un hombre de mediana edad puede decir en medio del conflicto y la batalla de los años que pueden aportar inspiración y ayuda. Pero lo mejor es escuchar la experiencia madura de un hombre que ha pasado por el conflicto de la vida diaria, que esta a punto de retirarse de la escena. Yo daría cualquier cosa por sentarme a los pies de tal hombre. 

Pero esto es solo un deseo y definitivamente imposible. Debo entonces pedirle, por lo tanto, que me aguante un poco mientras pongo delante de usted los principios a seguir para que pueda vivir diariamente en la salvación de Dios. Yo hablaría primordialmente a aquellos entre ustedes que se encuentran en el liderazgo cristiano y a los que se están preparando para ello—a los ministros, misioneros, oficiales de la iglesia, y los líderes. Quizás podríamos aprender juntos de este gran guerrero Josué, al Espíritu Santo enseñarnos a nosotros, algunos de los grandes principios para vivir en la tierra de bendición.

Ante todo, Josué hablo al pueblo acerca de los peligros de la apostasía. Su mayor preocupación parecía ser que aun había siete naciones que aun compartían la tierra de Canaán con el pueblo de Dios. Estas naciones son mencionadas siete veces en este capitulo—se menciona lo que Dios les había hecho en el pasado y como Él estaba preparado para expulsarlas de la tierra, y, cuan grande tentación serían para el pueblo de Dios si se les permitía permanecer en la tierra, porque su presencia sin duda los llevaría a mezclarse con ellas y a la adoración de dioses falsos. 

Ya hemos dicho que el libro de Josué es la contra parte del libro de Efesios en el Nuevo Testamento. Recuerdo las palabras del gran Apóstol Pablo cuando estaba a la orilla del mar en Éfeso despidiéndose de los ancianos de la iglesia: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual Él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño… Por tanto, velad.” (Hechos 20:28–31).

No existe un nivel de experiencia cristiana al que cualquiera de nosotros podamos llegar de donde finalmente no nos podamos regresar. Podríamos inclusive dar la espalda, aun en nuestra vejez, a toda la luz del evangelio que hemos recibido. Oh, las alturas desde donde muchos cristianos han caído, y las profundidades a las que han llegado. En cualquier etapa de nuestro peregrinar por esta tierra podemos contar la sangre del pacto por medio del cual hemos sido santificados como cosa inmunda, y hacerlo a pesar del Espíritu de gracia. Podemos tirar por la ventana todo el tesoro de la experiencia espiritual acumulada durante toda una vida, aun en las últimas etapas de esta vida terrenal. 

Mis amigos, al meditar delante de la presencia de Dios, ¿No es cierto que a veces la memoria a menudo nos habla y nos recuerda las promesas de los días pasados? ¿No es cierto que la memoria a menudo traiga vívidamente a nuestro corazón y mente las brillantes promesas de la primavera de nuestras vidas? ¿No es triste a veces contrastar los años de juventud con las cosechas del otoño? Vuelva atrás veinte años, treinta años, o más, a los días de su adolescencia y de su juventud. Piense en la promesa y la esperanza, piense en los sueños y las ambiciones que eran suyas. Piense en como anhelaba a Dios, la pureza, la santidad—y considere su camino ahora. 

¿No es cierto que podemos ver en nuestro corazón ahora, y Dios perdónanos por ello, las marcas de la apostasía? ¿No es cierto que podemos observar la frialdad de nuestros corazones? ¿No es cierto que meditemos a veces en la falta de oración en nuestras vidas? ¿No estamos conscientes a veces de lo descuidado de nuestro caminar con Dios? ¿No vemos las deslumbrantes evidencias del descuido y el capricho en muchas de nuestras vidas? ¿Nos imaginamos que la lucha sería más fácil con el correr de los años? ¿Creímos acaso que la juventud sería el tiempo de mayor tentación? ¿Pensamos en realidad que durante nuestra juventud sería cuando mas duro tendríamos que luchar, que entra mas edad tuviéramos, la vida traería menos luchas? La verdad es que, descubrimos que la batalla se torna más severa con el paso de los años. Nadie en sus cinco sentidos diría que cualquiera que se halla propuesto cumplir con el propósito de Dios encontraría que el camino es fácil. El horrible peligro de la apostasía se encuentra en el camino del cristiano a cada paso. ¡Hay muy pocos que correrán la carrera bien hasta el fin! 

Con un profundo sentido de urgencia, casi temor, yo le preguntaría a usted, ¿existen señales de apostasía en su iglesia hoy? ¿Hay un liderazgo en su iglesia en el cual las garras paralizantes y frías de vidas sin oración amenazan con traer un desastre a su congregación? La pasión por las almas se congelará al menos que sea apoyada por un liderazgo dinámico y lleno de energía del Espíritu Santo. ¿Existe entonces un liderazgo tan débil e indiferente en su círculo, en su iglesia, como el que le he descrito? Hago la pregunta en el nombre del Señor, y usted debe contestarla. Déjeme pedirle ahora que observe los resultados inevitables de la apostasía. 

El primer resultado de la apostasía es la derrota: “Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros,” (23:13). No había duda en la mente de Josué de que toda victoria había sido ganada por Dios Mismo. Josué lo dice en el tercer versículo de este capitulo: “Vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa; porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros.”

Es seguro que, cuando el poder de Dios es quitado, inevitablemente la derrota sigue, porque la evidencia del poder de Dios es dada solamente a aquellos que son fieles a Él. Esta energía Pentecostal que levanta a la iglesia a un nuevo nivel espiritual le es quitada a todos menos al pueblo que es obediente. La apostasía nos llevará rápidamente a la derrota y la deshonra del nombre de Cristo. “El Señor no arrojará fuera al enemigo.” 

El segundo resultado de la apostasía es (lo encontramos en el mismo versículo): incomodidad. “Serán por lazo, por tropiezo, por azote para vuestros costados y por espinas para vuestros ojos.” El fallar en apresurarse al completo cumplimiento de los propósitos de Dios, la tolerancia del enemigo, y la voluntad para permitirle compartir la tierra resultará en una desesperada incomodidad. Cuan a menudo en la experiencia cristiana algún asunto no es tomado en serio. Cuan a menudo algún pecado no es deliberadamente echado fuera. Cuan a menudo vemos que la tentación que hemos consentido, alentado y en la cual nos hemos dado gusto se ha convertido en el azote y en la espina en nuestro costado. El cristiano transigente no es una persona feliz. Permita que el enemigo permanezca en la vida cristiana, permítale afianzarse y pronto se convertirá en un azote. 

El tercer efecto de la apostasía es la vergüenza. “Entonces la ira de Jehová se encenderá contra vosotros, y pereceréis prontamente de esta buena tierra que Él os ha dado.” (23:16). Seguramente, preguntará usted, ¿debe haber alguna forma de prevenir esto? De hecho la hay, y Josué, en su advertencia acerca de los efectos y resultados de la apostasía, fue cuidadoso en decírselo al pueblo de Dios. En este capitulo propuso tres cosas esenciales para salvaguardarlos de la apostasía. 

En primer lugar esta, la obediencia. “Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ello ni a diestra ni a siniestra.” (23:6). Usted recordará que el mismo mandamiento le fue dado a Josué cuando aun era joven, cuando tomo el mando en el lugar de Moisés. Cuan verdadero es que los grandes principios de nuestra fe son transmitidos de generación a generación. Cada era y cada generación de la iglesia es llamada a marcar, aprender, a digerir los grandes principios de la vida cristiana, el primero de los cuales es la obediencia. 

Decimos que creemos en la Biblia— ¡Gracias a Dios que creemos! ¿Pero la obedecemos? Decimos creer en ella desde el Génesis hasta el Apocalipsis, pero¿vivimos 24 horas al día a la luz de sus enseñanzas? ¿Alguna vez ha ido a su Biblia en sus momentos de quietud, y oyó la voz de Dios hablándole, y luego se apresuro a dejar ese momento de quietud para irse a escribir una carta, contestar una llamada telefónica, o a platicar con su esposa, porque el Espíritu puso algo en su corazón con lo cual no quiere lidiar? 

¿Por qué es que la gente no ora más? ¿Por qué es que la gente no lee más su Biblia? ¿Por qué es que los cristianos de hoy no pasan más tiempo con Dios? Yo puedo darle una buena razón: a veces es demasiado incomodo. Porque, amigos míos, cuando usted se vuelve al Libro, una y otra vez el Espíritu de Dios le hablará acerca de este pecado, aquel habito, su falta de oración, su falta de amor. Él lo comenzará a convencer y a hacer sentir convicción hasta que Él lo traiga a la completa sumisión al Salvador. Su falta de obediencia ha causado que usted se aparte completamente de su tiempo de quietud y oración. 

La segunda gran salvaguarda contra la apostasía es la separación. Asegúrense, “de no mezclarse con estas naciones,. . . ni siquiera mencionen los nombres de sus dioses,. . . sino sigan a Jehová su Dios” (23:7–8). Claro que esto quería decir que debían permanecer resueltamente distantes del trato social de los cananitas y sus pecados.

Significa lo mismo para el cristiano de hoy. Significa mantenerse transparentemente claros de la mundanalidad. La gente debe dejar de jugar al cristianismo y luchar verdaderamente contra el pecado y Satanás. Nos justificamos por hacer cualquier cosa mundana si tenemos después una pequeña plática devocional. ¡Dios perdónanos! ¡Que hipocresía! La separación es parte de del método para evitar la apostasía, lo que significa no transigir en nada con el mundo. Desde luego, que esto es negativo, pero el aspecto positivo es “seguir a Jehová tu Dios.” El cristiano separado no es alguien que se aferre a las cosas; el cristiano separado es aquel que ama al Señor con todo su corazón y no desea nada más. 

De la misma manera, cuan fácil es con el pasar de los años permitir solo un poco de flojera, la cual no le hace mucho daño a usted, pero como lastima a la persona que le este viendo a usted como ejemplo. Quizás usted se excuse a si mismo por estar pasando demasiado tiempo en su periódico, demasiado tiempo con su radio o televisión, diciendo, “Esto no me hará ningún daño,” pero esto no quiere decir que no haga daño a los que se vuelven a usted buscando su liderazgo, y su ejemplo de lo que es vivir una vida consagrada. Quizás usted diga, “No importa mucho que yo no asista a la reunión de oración. Nadie me echara de menos.” ¿Cuántos jóvenes dirían, “No importa si oro o no—él no asiste, y yo simplemente lo sigo a él”?

La tercera salvaguarda contra la apostasía es la más importante de todas. Es esto: “Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios.” (23:11). Oh, mis amigos, el fallar en obedecer, en no mantener estándares de separación, pueden ser siempre rastreados a la falta de devoción. “Si me amáis,” dijo el Señor Jesús, “guardad mis mandamientos.” Si, fallar en estar separados, descuidados en nuestro caminar, en vivir una vida sin oración, todo puede ser rastreado a un corazón que no ama realmente a nuestro Salvador. 

¡Cuan apropiadas son estas palabras al llegar al fin de su vida! Los años anteriores habían estado llenos de batallas y derramamiento de sangre, pero ahora el guerrero se ha convertido en un hombre de paz. La tormenta de los años anteriores se calma y en el atardecer de su vida, el hombre que siempre ha estado luchando ahora dice, “Guardad vuestras almas para que amen.”

Todo esto trae a la mente esa escena a la orilla del mar el día en el que el Señor Jesucristo miró a Pedro fijamente y dijo, “Simon, ¿me amas tu mas que estos?” Todo dependía de su respuesta. Ame a Cristo y lo único que le traerá contentamiento será poseerlo completamente a Él. Ámelo a Él y será audaz para testificar. Ámelo a Él, y usted amará Su libro y Su ley. Ámelo a Él, y usted nunca buscará un amor humano que sea contradictorio al amor de Dios. Ámelo a Él, y usted lo poseerá a Él y usted será poseído por Él. Las cosas que de otra manera serian azotes y espinas en su costado serán peldaños a una experiencia mas profunda y completa de Su gracia y Su poder. Ámelo a Él, y también amará a otros que lo aman. “Asegúrense de amar.”

Si yo pudiera escoger el tema del último sermón que fuera a predicar, este seria mi texto. Estoy seguro de que si los santos de Dios de generaciones pasadas pudieran hablara a la luz de lo que han visto en la eternidad, a la luz de lo que saben acerca del cielo y el infierno, lo que ellos nos dirían a todos nosotros serían estas palabras—“Asegúrense de amar.” Porque la más grande salvaguarda contra el descuido de nuestro caminar, contra un espíritu sin oración, contra la frialdad del corazón es el amor. Aquello que levanta al cristiano y a la iglesia a un nuevo nivel de plenitud en su experiencia, el factor más grande para el avivamiento en la iglesia de hoy no es que busquemos defender la verdad, sino el amor de nuestros corazones, llenos con el Espíritu Santo. 

El amor es de Dios—Dios es amor. Solo el amor puede vencer a la discordia. Solo el amor puede unir a la familia dividida de los redimidos. Por lo tanto, si usted ama con pureza, sin egoísmo y con todas sus fuerzas, debe saber lo que es amar a su Salvador. Si es que vamos a poder dar amor primero debemos recibir amor. Si es que vamos a poder transmitir, primero debemos absorber. Si es que vamos a poder esparcir amor, primero debemos poseerlo en nuestros corazones. 

La experiencia de ese amor en nuestros corazones viene a través del Espíritu Santo, quien es quien derrama sobre nosotros el amor de Dios. El hombre que conoce el amor como este ya ha entrado en una pequeña esquina del cielo; ya no tiene hambre, ni tampoco tiene sed, pues ha vivido la experiencia del cumplimiento de la palabra de Jesucristo, “El agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” (Juan 4:14).

Ríndase al Espíritu de Dios. No descanse sino hasta que haya recibido su porción de Pentecostés. Recuerde que la prueba del amor no son los sentimientos ni las emociones ni las palabras, sino la obediencia, porque “él que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama.” (Juan 14:21). 

El himno de Charles Wordsworth, parafrasea una porción de I Corintios 13, trae un mensaje directo a nuestro corazón: 
Espíritu de Gracia, Espíritu Santo, 
Enseñados por Ti codiciamos más 
Que todos los dones de Pentecostés, 
El santo amor celestial. 

Fe para mover los montes, 
Lenguas de la tierra y celestiales, 
Ciencia y todo aquello que ya vano se probó 
Sin tener del cielo el amor. 

El amor sufrido y benigno es; 
El amor es manso y nos busca el mal; 
El amor más fuerte que la muerte, 
Por lo tanto danos el amor. 

La profecía un día acabará, 
Derretida por la luz; 
Pero el amor por siempre permanecerá— 
Por lo tanto danos el amor. 

Fe y esperanza y amor podemos ver 
Juntos de la mano otra vez, 
Pero el mayor de estos tres, 
Lo mejor el amor es. 

Bajo la cobertura 
De Tu ala dorada y plateada, 
Sobre los que bajo ella se refugian, 
Derrama Tu santo, y celestial amor. 

¡Si! Ese es el secreto—la gran salvaguarda contra la apostasía—el amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. (Romanos 5:5).

Vida Cristiana Victoriosa: Estudios en el Libro de Josué 
Copyright © 2007 by the Redpath Family 
Traducido por Carlos Alvarado

lunes, 9 de abril de 2012

La Vida Cristiana Victoriosa Capitulo Dieciocho

Por Alan Redpath 

Peligros Que Evitar

Josué 18:3

1 Toda la congregación de los hijos de Israel se reunió en Silo, y erigieron allí el tabernáculo de reunión, después que la tierra les fue sometida. 
2 Pero habían quedado de los hijos de Israel siete tribus a las cuales aún no habían repartido su posesión. 
3 Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres? 
—Josué 18:1–3 

1 Habló Jehová a Josué, diciendo: 
2 Habla a los hijos de Israel y diles: Señalaos las ciudades de refugio, de las cuales yo os hablé por medio de Moisés, 
3 para que se acoja allí el homicida que matare a alguno por accidente y no a sabiendas; y os servirán de refugio contra el vengador de la sangre. 
4 Y el que se acogiere a alguna de aquellas ciudades, se presentará a la puerta de la ciudad, y expondrá sus razones en oídos de los ancianos de aquella ciudad; y ellos le recibirán consigo dentro de la ciudad, y le darán lugar para que habite con ellos. 
5 Si el vengador de la sangre le siguiere, no entregarán en su mano al homicida, por cuanto hirió a su prójimo por accidente, y no tuvo con él ninguna enemistad antes. 
6 Y quedará en aquella ciudad hasta que comparezca en juicio delante de la congregación, y hasta la muerte del que fuere sumo sacerdote en aquel tiempo; entonces el homicida podrá volver a su ciudad y a su casa y a la ciudad de donde huyó. 
—Josué 20:1–6 

9 Así los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés, se volvieron, separándose de los hijos de Israel, desde Silo, que está en la tierra de Canaán, para ir a la tierra de Galaad, a la tierra de sus posesiones, de la cual se habían posesionado conforme al mandato de Jehová por conducto de Moisés. 
10 Y llegando a los límites del Jordán que está en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar de grande apariencia. 
15 Los cuales fueron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, en la tierra de Galaad, y les hablaron diciendo: 
16 Toda la congregación de Jehová dice así: ¿Qué transgresión es esta con que prevaricáis contra el Dios de Israel para apartaros hoy de seguir a Jehová, edificándoos altar para ser rebeldes contra Jehová? 
21 Entonces los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés respondieron y dijeron a los cabezas de los millares de Israel: 
22 Jehová Dios de los dioses, Jehová Dios de los dioses, él sabe, y hace saber a Israel: si fue por rebelión o por prevaricación contra Jehová, no nos salves hoy. 
23 Si nos hemos edificado altar para volvernos de en pos de Jehová, o para sacrificar holocausto u ofrenda, o para ofrecer sobre él ofrendas de paz, el mismo Jehová nos lo demande. 
24 Lo hicimos más bien por temor de que mañana vuestros hijos digan a nuestros hijos: ¿Qué tenéis vosotros con Jehová Dios de Israel? 
25 Jehová ha puesto por lindero el Jordán entre nosotros y vosotros, oh hijos de Rubén e hijos de Gad; no tenéis vosotros parte en Jehová; y así vuestros hijos harían que nuestros hijos dejasen de temer a Jehová. 
26 Por esto dijimos: Edifiquemos ahora un altar, no para holocausto ni para sacrificio, 
27 sino para que sea un testimonio entre nosotros y vosotros, y entre los que vendrán después de nosotros, de que podemos hacer el servicio de Jehová delante de él con nuestros holocaustos, con nuestros sacrificios y con nuestras ofrendas de paz; y no digan mañana vuestros hijos a los nuestros: Vosotros no tenéis parte en Jehová. 
32 Y Finees hijo del sacerdote Eleazar, y los príncipes, dejaron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad, y regresaron de la tierra de Galaad a la tierra de Canaán, a los hijos de Israel, a los cuales dieron la respuesta. 

33 Y el asunto pareció bien a los hijos de Israel, y bendijeron a Dios los hijos de Israel; y no hablaron más de subir contra ellos en guerra, para destruir la tierra en que habitaban los hijos de Rubén y los hijos de Gad. 
34 Y los hijos de Rubén y los hijos de Gad pusieron por nombre al altar Ed; porque testimonio es entre nosotros que Jehová es Dios. 
—Josué 22:9–10; 15–16; 21–27; 32–34

Siete años de luchas por la posesión de Canaán por el pueblo de Dios han terminado en esta parte del libro de Josué. Se ha cruzado el Jordán y Jericó ha sido conquistado; el enemigo ha sido aplastado, y la tierra ha sido distribuida al pueblo de acuerdo a cada tribu. Pero ahora la parte más importante de todo el negocio los enfrenta, porque su cruce del río para entrar a la tierra de la bendición y la victoria sobre el enemigo probará ser algo abortivo al menos que aprendan a vivir en la tierra. 

Lo que fue verdad de los hijos de Israel es mil veces más verdad de los cristianos el día de hoy. No es la intención de la vida cristiana ser una serie de crisis y de agitaciones. En el propósito de Dios se espera que la vida cristiana sea un seguro avance, una marcha triunfante hacia la meta, que es la misma presencia de Dios. Desde luego que hay crisis esenciales en el proceso. El Jordán debe ser cruzado; el desierto de la derrota debe ser cambiado por el país de bendición y victoria. El enemigo debe ser sometido; el cristiano debe aprender a diariamente conquistar al enemigo de su alma. 

Pero, lo más importante de todo, los hijos de Dios, si van a entrar a la tierra de plena salvación, deben aprender a permanecer allí. Aunque yo creo que el hombre que ha nacido de nuevo del Espíritu de Dios y ha sido redimido por la sangre de Cristo, será, eternamente salvo, el puede sin embargo dejar la tierra de Canaán para volverse al desierto. Puede que cambie la victoria por la derrota. Puede correr bien por algún tiempo y cruzar el Jordán, y decir de si mismo que ha sido sepultado con Cristo y resucitado con Él también, pero puede terminar su peregrinar por esta vida a punto de volver a Egipto mismo. Es absolutamente vital que el cristiano aprenda como vivir en la tierra de bendición. 

Una lección sobre lo que, confío, fue aprendido en el capitulo anterior cuando meditamos juntos acerca de vivir a toda capacidad. Descubrimos que la diaria obediencia a, y la fe en Cristo sirve para engrandecer nuestra capacidad para recibir Su vida, para que podamos ser llenos del Espíritu de Dios un día y poder tener mas de Su plenitud el próximo. 

El resto del libro de Josué tiene que ver con tres secretos en particular de como vivir en la tierra de bendición. Los capítulos 18 al 22 nos hablan de los peligros que debemos evitar. El capitulo 23 nos habla de los principios a seguir. El capitulo 24, el ultimo capitulo del libro de Josué, nos revelan algunos privilegios de los cuales podemos disfrutar. 

Confío en que hemos aprendido algunos grandes principios de la vida cristiana en estos capítulos: el camino a la victoria, el camino para entrar en la tierra de la plena salvación. El cristiano nunca debe confiar en decisiones pasadas o en alguna experiencia de cima de montaña. Él debe trasladar todo eso a lo rutinario de la vida diaria. Esa es una de las más grandes lecciones que debe aprender el misionero. Algunos que dejan su patria con toda la emoción de servicios de despedida y piensan que lo único que tienen que hacer es ponerse de pie y guiar a miles de nativos a Cristo, van a sufrir una desilusión devastadora cuando lleguen a terrenos extranjeros. Van a descubrir que la gran parte de su tiempo se ocupará haciendo tareas diarias, y al menos que estén preparados para esta clase de servicio, van a caer. 

Como vivir en la tierra de bendición, es un tema esencial para todos nosotros, sea donde sea que Dios nos tenga viviendo en la tierra. Conocer a un cristiano que esté verdaderamente viviendo la vida cristiana es una de las experiencias más emocionantes imaginables. Es tan emocionante porque, es también tan raro. Conocer a un cristiano que esta verdaderamente disfrutando de su salvación y viviendo en el poder del Espíritu a lo máximo es una bendición. Si vamos a vivir en la tierra y vamos a disfrutarlo todo, y vamos a entender las posibilidades de la vida cristiana de este lado de la gloria, quiero mostrarles tres peligros que todos debemos evitar. 

Josué 18:3 nos lleva al primero de ellos: “Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?” El primer peligro para los hijos de Dios es el peligro de la inercia. 

Usted recordará que antes de que los hijos de Israel entraran en la tierra, Moisés los reunió a todos y les habló acerca de la bendición que les esperaba si obedecían al Señor y entraban directamente a la tierra y la poseían. Por ejemplo, a Benjamin dijo, “El amado de Jehová habitará confiado cerca de él; Lo cubrirá siempre, Y entre sus hombros morará.” (Deuteronomio 33:12). ¡Que lugar para vivir! ¡Seguros cerca del Señor—entre los hombros del Maestro! 

De la tribu de Isacar Moisés dijo que iban a recibir los tesoros de lo profundo del océano, y que descubrirían las joyas en la arena. Para la tribu de Isacar había cosas muy preciosas si poseían la porción de tierra que les había tocado. El hijo de Dios que posea todo lo que es suyo en Cristo tendrá experiencias sin límite en las profundidades de la gracia de Dios, y algunas de las más maravillosas joyas de la vida cristiana serán suyas. 

La tribu de Aser, dijo Moisés, viviría en una porción de la tierra en donde había muchos lagares. Sus pies iban a ser mojados en aceite. “Hierro y bronce serán tus cerrojos,” tan fuertes eran ellos, y, les dijo Moisés, “como tus días serán tus fuerzas.” (Deuteronomio 33:24–25). La tribu de Aser nunca envejecería, ni se cansaría o se desanimaría. Ellos serían perennemente jóvenes y fuertes. Para los hijos de Aser Dios tenia aceite, la unción de Su Espíritu; Él constantemente renovaría su fuerza y poder en toda situación a través de su peregrinar por la vida. 

La tribu de Neftalí, dijo Moisés, seria llena de bendiciones del Señor y completamente satisfecha. Y así podríamos seguir. Pero esto es suficiente para mostrarle que este pueblo tenía la posibilidad de inmensas experiencias: seguridad, unción, poder, bendición, gracia sin límites, y fuerza. Todo esto sería de ellos si tan solo iban y lo poseían, y, preguntaba Josué, al mirar a toda esta compañía de gente que había cruzado el Jordán y sometido al enemigo cuando se comenzaba a asentar, “¿Cuánto tiempo se van a tardar en poseer la tierra, que Jehová el Dios de sus padres les ha dado?” 

Mis queridos amigos cristianos, existe una experiencia de Cristo para nosotros, una participación en su victoria, la experiencia de la plenitud de Su bendición que está tan mas allá del nivel promedio de la vida cristiana como Canaán estaba mas allá del desierto. 

Hay un pequeño trozo de tierra en este mundo que para mi tiene muy preciadas memorias. Cubre un área de aproximadamente ochenta millas al sur de la frontera Anglo-Escocesa. Allí podrá usted caminar sobre las ruinas del muro de Hadrian, en un tiempo fueron los limites del Imperio Romano en Inglaterra. Se puede uno imaginar en su mente los tremendos eventos de aquellos días cuando el poder de Roma llegó hasta este lugar. 

Si usted visita este distrito encontrará muchas torres, algunas son solo ruinas, otras hermosamente conservadas casi intactas. Si usted pregunta como es que algunas son solo ruinas mientras otras se encuentran en tan buena condición, se le contará esta historia. Hace algunas centenas de años Inglaterra y Escocia eran enemigos, y los ingleses de Northumberland eran constantemente atacados por los escoceses, quienes se llevaban sus ganados y se robaban sus cosechas. Por lo cual los ingleses construyeron castillos cerca de la frontera para defenderse a si mismos. Algunos de esos castillos tenían arroyos secretos que proveían un constante flujo de agua. Otros castillos tenían que recibir su suministro de agua de pozos que estaban a cientos de yardas de distancia por medio de un tubo. Los invasores escoceses eran bastante astutos para saber lo que tenían que hacer—cortaban el tubo, y luego se quedaban alrededor del castillo hasta que la gente que estaba dentro se moría de hambre y de sed. Pero aquellos que tenían los arroyos secretos en sus castillos eran invencibles. Así que esos castillos permanecen en pie hasta estos días como recordatorios vivientes de su ser invencibles. Los otros castillos son solo ruinas. 

Cada uno de nosotros tenemos, dentro de nosotros una fuente de vida, pero hay cristianos que no la han descubierto. Muchos siempre están yendo fuera de si mismos: a buscar distracción y descanso, lujo e indulgencia y, antes de que pase mucho tiempo, su vida cristiana esta completamente arruinada. Pero hay otros hijos de Dios que han aprendido que la única manera de poseer la tierra y de mantenerse firmes sobre la gracia que Dios en Cristo les ha dado es continuamente buscar extraer estas cosas de esa fuente secreta de vida que tenemos en nuestro interior. Pueden decir con todo su corazón que Jesús satisface. 

El problema es que muchos de nosotros nos acobardamos de entrar más y más a la tierra de bendición porque sabemos que esto significa que tendremos que negarnos a nosotros mismos y que tendremos que sacrificar algún hábito o pecado que no queremos dejar. Quiere decir que nuestro amor por lo fácil, nuestro apegamiento al mundo, y nuestro temor a que los demás piensen que somos extraños, tendrán que ser hechos a un lado. Es esto lo que nos mantiene espiritualmente flojos e inertes, para que no nos movamos a poseer lo que Dios tiene para nosotros. 

¡Cuan fácilmente los hijos de Dios descansan satisfechos en los logros pasados! Que tragedia es esto, porque no solamente se privan a si mismos de la bendición de Dios, sino que le hacen difícil el camino a otros y le dan animo a Satanás. Ningún cristiano ganará la carrera si se detiene a descansar. Nadie ganará la guerra si, estando a punto de conseguir la victoria, pide un día de descanso. Ningún hijo de Dios se puede dar el lujo de un solo minuto de vacaciones de andar con Dios. ¡Que triste que tantos de nosotros tengamos el premio en la punta de los dedos, la meta a nuestro alcance, solo para descubrir que nos hemos perdido de la victoria que pudiéramos haber logrado en Cristo Jesús! Perdimos simplemente porque no nos apresuramos a poseer lo que Dios tenía para nosotros. Fuimos vencidos por la inercia. 

Cristiano, ¿cuánto tiempo hace que fuiste a la iglesia el domingo por la mañana esperando que Dios te bendijera? Fuiste solo para cumplir con tu trabajo, a cantar, a dar tu clase de escuela dominical, a dar tus avisos, a tomar tu parte, a ser ujier—Dios te bendiga por todo eso—pero cuidado con sucumbir a la inercia espiritual. No dejes de esperar que Dios, que ha hecho grandes cosas en generaciones pasadas, las haga de nuevo. Él puede; si tan solo pudiéramos hacer que los corazones de la gente sientan hambre y anhelen el apresurarse a entrar en casa para recibir lo que Él tiene. A menudo el peligro de la pereza como el: “No me importa”; “Ni me preocupo últimamente”; o “Bueno, pues eso esta bien para los demás, para los mas jóvenes, para los niños, pero no para mi.” ¿Cuánto tiempo, mis compañeros cristianos, cuánto tiempo se tardarán en poseer lo que Dios tiene para ustedes en Jesús? ¡Oh que gran peligro para evitar! 

El segundo peligro se nos menciona en Josué 22; Yo lo llamo el peligro de la incompatibilidad. Usted sabe lo que quiere decir—la inhabilidad para llevarse bien con los demás. 

He aquí la historia, dicha brevemente en una o dos oraciones: las dos y media tribus, Rubén, Gad, y la media tribu de Manases, habían siete años antes, declarado su deseo de vivir del otro lado del río, del lado del Jordán que daba hacia el desierto. Josué estuvo de acuerdo pero con una condición: que entraran en la tierra con los demás, y ayudaran a someter al enemigo, después de lo cual podrían volver a la porción de tierra que ellos querían. En este capitulo se nos cuenta como fue que ellos hicieron esto. Josué públicamente reconoció su bondad, su generosidad, y su espíritu de compañerismo en ayudar a sus hermanos a conquistar la tierra, y les deseó las más ricas bendiciones de Dios en el territorio que se les había designado. 

Cuando las tribus que se iban a regresar llegaron a sus fronteras, a la orilla del rió, según se nos dice en Josué 22:24, de repente pensaron para si mismos, “Supongamos que volvemos al otro lado del río, nuestro hijos y las futuras generaciones dirán, que tienen que ver ustedes con el pueblo de Dios? Ellos viven allá, ustedes viven aquí. No tienen nada que ver con ellos, porque nunca participaron en ninguna de las peleas, nunca ayudaron a someter al enemigo. ¿Por qué? ¿Qué tienen que ver ustedes con el pueblo de Israel?’” Así que edificaron un altar del lado occidental a la orilla del Jordán, no para sacrificios, pero como testimonio a su unidad con el pueblo que vivía del otro lado del Jordán. 

Cuando las otras tribus oyeron lo que estaba pasando, inmediatamente llegaron a conclusiones falsas y supusieron que el altar era para adorar y presentar sacrificios, que esto mostraba división entre el pueblo de Dios, que indicaba que las dos y media tribus que se estaban regresando eran apostatas, y que habían dejado de adorar a Dios, que se habían rebelado contra Él y se habían vuelto indiferentes a Su ley. Por lo tanto supusieron que había un cisma en el mismo corazón del pueblo de Dios. Así que las tribus que habían permanecido con Josué en Canaán se prepararon para atacar a los apostatas. 

Sin embargo antes de hacerlo, enviaron a un comité para preguntar exactamente que era lo que los rubenitas, gaditas, y la media tribu de Manases estaban haciendo, y para quejarse muy francamente por sus acciones. El comité los acuso de ser desleales y estar en rebelión contra Dios, y les advirtió de las graves consecuencias para ellos y para Israel si continuaban con esas acciones. Esas dos y media tribus no tuvieron, de hecho, ningún problema para convencer al comité de que sus motivaciones era completamente puras, y que no era su intención usar el altar para adorar, sino como un testimonio. No iban a presentar sacrificios delante de otro dios; simplemente estaban levantando un testigo que hablara de su unidad con el resto de sus hermanos. Esto probaba fácilmente que sus motivos eran puros y sinceros, y que los demás estaban totalmente equivocados en su juicio. ¡Lo que pudo haber terminado en tragedia terminó de hecho en un compañerismo más cercano! 

¡Que lecciones las que tenemos aquí! ¡Que peligros hay en la incompatibilidad de un cristiano con otro! ¡Cuan fácil se pueden dar los malos entendidos, y con resultados muy dañinos! Que rápido se esparcen, y entre mas lejos llegan peor se ponen, hasta llegar al punto en el que una iglesia evangélica puede ser arruinada completamente por este pecado. ¿Por qué es que todos estamos tan listos para escuchar los chismes? ¿Por qué es que somos tan rápidos para imputar a las personas con las peores de las motivaciones? ¿Por qué es que creemos tan fácilmente los rumores acerca del carácter de alguna persona, y luego lo repetimos pero multiplicado por cien? 

Si tan solo pudiéramos deshacernos de este tipo de cosas en la iglesia, si tan solo la iglesia de Cristo fuera librada completamente de este pecado mortal, tendríamos avivamiento. Es el chismoso, el que imputa motivaciones falsas, que le da la más horrenda interpretación a las acciones inocentes, a quien el Diablo esta usando como su herramienta en las Iglesias cristianas el día de hoy. No es muy bueno—de hecho, no es de ningún provecho—deshacerse en elogios por el sermón del domingo si no se esta preparado para deshacerse de las cosas que causan distanciamiento con el hermano cristiano. 

Quizás algunos de los que están leyendo esto están enfermos de corazón y quebrantados de espíritu por los juicios falsos y el tratamiento injusto que algún compañero cristiano le ha dado. No están cantando himnos; están sufriendo cruelmente, y la herida que se ha hecho ha sido profunda y dolorosa. Sin embargo, aunque están sufriendo, están creciendo, mientras que la gente que viene y canta himnos domingo tras domingo y que tienen el espíritu de resentimiento dentro de ellos, se encuentran en rebelión espiritual. ¡Oh, la gente a la que hemos malentendido y herido, la gente que hemos lastimado y entristecido, la gente a la que hemos juzgado mal! Y ellos han aprendido por la gracia de Dios a soportarlo, y por esa razón siguen creciendo en gracia. Y nosotros, si hemos sido rencorosos y poco amables, nos estamos marchitando espiritualmente. En el campo misionero o en el mismo pueblo, o quizás en la misma iglesia adorando con usted, hay hombres y mujeres heridos amargamente, pero, por la gracia de Dios, están creciendo en Jesucristo. 

Permítanme decirles (y quizás esto viene por experiencia propia mas que cualquier otra cosa) que muchos de nosotros comenzamos la vida siendo duros en nuestros juicios, y calientes como un hierro en nuestra ira, e impetuosos en nuestras decisiones; pero, por la gracia de Dios, aun cuando no podemos ceder ni una pulgada en lealtad a la verdad, podemos aprender a lidiar cuidadosamente con el hermano que ha caído. Podemos ayudarle a llevar la carga; en espíritu de mansedumbre podemos restaurarle y tener esto como la mas grande de las ganancias, no para vencerlo en su argumento, o para destruirlo con sarcasmo, sino para ganarlo en amor para que regrese a Jesús. ¡Oh, el peligro de la incompatibilidad! 

El tercer peligro lo encuentro en el capitulo 20, y es un peligro mortal para la vida en la tierra de la bendición. Es el peligro de la ignorancia. 

Usted se acuerda del establecimiento de las ciudades de refugio en este capitulo: había seis de ellas, tres a cada lado del río. Todas eran de fácil acceso a todos en la tierra y a las dos y media tribus que estaban del otro lado del río. Eran lugares de refugio para cualquiera que sin intención había matado a alguien. Encontrará todos los detalles en Deuteronomio 19. Es suficiente decir aquí que los pecados de ignorancia o por accidente, pecados cometidos sin intención, y sin malicia, eran tratados con misericordia. El hombre desafortunado tenía solo que huir a la ciudad de refugio y librarse así de la venganza. Allí su caso sería juzgado por los levitas, y si se comprobaba que no había habido ninguna malicia en sus acciones, se le permitía permanecer en la ciudad de refugio hasta que muriera el que estaba como sumo sacerdote en su tiempo. Y luego era libre de volver a caso a salvo. 

¿Alguna vez se ha detenido a pensar que mucha de nuestra culpa es producto de la ignorancia? ¿Entendemos que cualquier cosa que sea contraria a la perfecta santidad de Dios es pecado? ¿Entendemos que estamos constantemente entristeciéndolo con nuestro descuido, nuestra precipitación y nuestros malos entendidos con los demás? Quizás no sea intencionalmente, sin embargo, delante de Dios es pecado. ¡Oh, cuan agradecidos debemos ser con Él por Su perdón! 

Podemos ir hoy a una fuente y allí ser limpios de nuestro pecado y recibir perdón por causar daño y dolor a los demás sin intención. Porque nuestra ciudad de refugio es el costado herido de Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, quien murió y resucito de nuevo. Una visita a la ciudad de refugio, la confesión de nuestra culpa, y la limpieza por medio de la sangre nos habilita para ser libres en perfecta fe. Oh cuanto necesitamos hoy ir a Él con nuestro mejores, y, torpes intentos de servir a Dios, pues nuestro servicio es siempre inútil. ¡Cuan desesperadamente necesitamos ir a Él para deshacernos de la ignorancia de Su Palabra, Su voluntad, y Su gracia! En nuestra ciudad de refugio siempre estaremos seguros, porque nuestro sumo sacerdote vive para siempre. 

Vida Cristiana Victoriosa: Estudios en el Libro de Josué
Copyright © 2007 by the Redpath Family
Traducido por Carlos Alvarado

jueves, 22 de marzo de 2012

La Forma en la Que Dios Habla

16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

— 2 Timoteo 3:16-17


Primeramente y ante todo, Dios nos habla através de Su Palabra. Se nos dice en el Salmo 119:105, "Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino." 



Es innecesario decirlo, Dios nunca nos llevará en una dirección que sea contraria a lo que Su Palabra dice. Se nos recuerda en 2 Timoteo 3:16, " Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia." Así que abre la Palabra de Dios. Pasa tiempo en la Palabra de Dios. Confía en la Palabra de Dios, y la voluntad de Dios te será revelada.

Yo no soy alguien que pongo mi Biblia al viento y digo. “Señor, no conozco Tu voluntad acerca de este asunto, pero si esto es Tu voluntad, cualquiera que esta sea, permite que el viento sople y abra las paginas de mi Biblia al versículo en donde la podré encontrar.” Esto es tomar las escrituras fuera de contexto. Debemos leer libros enteros de la Biblia. Debemos obtener todo el consejo de Dios.

He encontrado que hay veces en los que simplemente leo la Biblia, y tiendo a conocer la mente de Dios y el corazón de Dios cuando tengo alguna decisión que tomar delante de mí. Es como que ni siquiera tengo que pensarlo, por que acabo de leer acerca de esto. Así que aplico estos versículos al hacer la decisión. Hay otras veces en las que encuentro que ciertos versículos parecen saltar de la página y me traen solaz o consuelo o claridad o dirección en el asunto.

Esa es la razón por la que debemos pasar tiempo leyendo la Palabra de Dios y estudiándola cuidadosamente. Es entonces cuando Dios nos mostrará  lo que es que El quiere que hagamos.


Copyright © 2012 by Harvest Ministries. All rights reserved. Translated into Spanish with permission from Harvest Ministries with Greg Laurie, PO Box 4000, Riverside, CA 92514.
Translation by Carlos Alvarado

jueves, 8 de marzo de 2012

Un Milagro Viviente


1 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. 2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.

— 1 Corintios 2:1-2


¿Alguna vez has pensado que si pudieras hacer Milagros para tus amistades no Cristianas que ellos se harían creyentes? Quizás hayas dicho alguna vez, “Si tan solo yo pudiera hacer un milagro, yo se que creerían inmediatamente.” 

No lo creo. Estoy seguro que seria asombroso. Probablemente los movería profundamente. Pero diez millones de señales y maravillas no harían que el mundo se volviera a Cristo. Cuando una persona cree en Jesús, es una acción del corazón — una acción de la voluntad la que se lleva acabo. 

Un milagro no será suficiente para convencer a alguien. Jesús resucitó a Lázaro de entre los muertos, y después, planearon matar a Jesús y a Lázaro. Juan 12 dice que cuando la multitud supo que Jesús estaba allí, fueron a la casa para verlo a El y también a Lázaro, el hombre a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Y luego los principales sacerdotes decidieron matar a Lázaro también. Pobre Lázaro. No fue suficiente que ya hubiera tenido que morir una vez, sino que ahora lo lideres religiosos querían matarlo. ¿Porque? Porque Lázaro era un milagro viviente. Tan solo su presencia era un testimonio del poder de Dios. 

¿Y sabes que? Tu eres un hombre o mujer que es un milagro viviente, si puedes hablar de como Dios ha cambiado tu vida y te ha transformado. Eres un(a) poderoso(a) representante de Jesucristo. Así que sélo. 

Nuestro Mensaje a un mundo perdido es que todos somos pecadores. Estamos separados de Dios. Pero de tal manera amó Dios al mundo que envió a Su Hijo unigénito a morir sobre la cruz por nuestros pecados y a pagar el precio por nosotros sobre esa cruz y a resucitar de entre los muertos. Eso es el evangelio. Solo proclámalo, y ve lo que Dios hará. 

Copyright © 2012 by Harvest Ministries. All rights reserved. Translated into Spanish with permission from Harvest Ministries with Greg Laurie, PO Box 4000, Riverside, CA 92514.
Translation by Carlos Alvarado

domingo, 4 de marzo de 2012

La Vida Cristiana Victoriosa Capitulo Diecisiete

Por Alan Redpath 


Viviendo a Toda Capacidad

Josué 17:18

14 Y los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: ¿Por qué nos has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros un pueblo tan grande, y que Jehová nos ha bendecido hasta ahora?
15 Y Josué les respondió: Si sois pueblo tan grande, subid al bosque, y haceos desmontes allí en la tierra de los ferezeos y de los refaítas, ya que el monte de Efraín es estrecho para vosotros.
16 Y los hijos de José dijeron: No nos bastará a nosotros este monte; y todos los cananeos que habitan la tierra de la llanura, tienen carros herrados; los que están en Bet-seán y en sus aldeas, y los que están en el valle de Jezreel.
17 Entonces Josué respondió a la casa de José, a Efraín y a Manasés, diciendo: Tú eres gran pueblo, y tienes grande poder; no tendrás una sola parte,
18 sino que aquel monte será tuyo; pues aunque es bosque, tú lo desmontarás y lo poseerás hasta sus límites más lejanos; porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte. 

—Josué 17:14–18

Usted recordará que la ultima sección del libro de Josué, lidia con los principios de la posesión de la tierra de Canaán por los hijos de Israel. Nos habla de la repartición de la tierra entre las tribus, y la erección del tabernáculo en Silo, en el mismo corazón de la tierra, y se nombran las ciudades de refugio asignadas para el juicio del pecado. Existe mucho de provecho que podríamos aprender de esta repartición de la tierra. 

El tabernáculo fue puesto en el centro: Dios estaba en medio de Su pueblo, a Su alrededor se reunían todos a adorarlo—un recordatorio, que la persona misma de nuestro bendito Salvador es la que el cristiano adora. No adoramos a la Iglesia o a alguna ordenanza: adoramos a Dios. Nos reunimos domingo tras domingo en la presencia de nuestro Señor, “Porque,” dijo Él, “donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mateo 18:20). 

De nuevo, las tribus del pueblo de Israel fueron puestas alrededor del tabernáculo; la porción que cada una tenia en la tierra correspondía exactamente con la posición en la que habían sido puestos durante su peregrinar por el desierto. Cada tribu tenía su lugar y porción determinada, así como a cada uno de nosotros se le ha concedido gracia de acuerdo a la medida del don en Cristo. Si tan solo recordáramos siempre que la gracia es dada de acuerdo al don—no la gracia que sea igual al don de otra persona, para hacer lo que se espera que otra persona haga, sino gracia para el don que Dios ha dado a cada uno de nosotros. 

Sin embargo, me voy a limitar a llamar su atención a algunos principios que tienen que ver con la posesión de nuestra herencia en Cristo Jesús nuestro Señor, al aprender una lección de la experiencia de los hijos de José según se nos cuenta en el capitulo 17 del libro de Josué. 

En primer lugar, veremos la causa por la que se estaban quejando. En el versículo 14: “Los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: ¿Por qué nos has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros un pueblo tan grande, y que Jehová nos ha bendecido hasta ahora?” Esta tribu se quejaba de que era un pueblo muy grande, y de que no habían recibido una porción de tierra digna de su grandeza. Hacían alarde de que sus bendiciones pasadas les daban el derecho a recibir un mayor galardón. Sugirieron que eran en realidad demasiado grandes para la porción tan pequeña de tierra que se les había dado. Querían mas espacio, querían espacio para poder estirarse, mas espacio para crecer y desarrollarse. Además, dijeron, como leemos en el versículo 16, que aun en la pequeña porción que se les había dado los cananeos habitaban en las llanuras y tenían carros herrados, que eran un obstáculo insuperable. El enemigo habitaría en la tierra. 

Ahora, desde luego que, los hijos de José estaban entre el pueblo que había cruzado el Jordán; habían compartido en la conquista de la tierra de Canaán. Eran la tribu de Josué; fue de la tribu de Efraín, el hijo de José, de donde venía Josué. De tal modo que ellos tenían asociaciones importantes, de las cuales estaban muy orgullosos. Así que, por sus asociaciones, se creían a si mismos un gran pueblo. Pero es aquí en donde el Santo Espíritu de Dios pone sobre ellos el reflector del cielo, los separa de todos los ejércitos del pueblo de Dios, y los evalúa de acuerdo a su propio valor. Se quejaron, “¡No tenemos suficiente lugar!” La verdad era que el enemigo estaba muy arraigado en el área que ellos tenían. 

El verdadero valor del cristiano no puede ser calculado en términos de su membresía en una comunidad cristiana. El Espíritu Santo lidia con cada uno de nosotros individualmente y muy de cerca. Usted puede viajar por el mundo y decir que es miembro de alguna iglesia u organización famosa, alguna asociación que le de a usted algún grado de respeto y hasta puede ser visto con asombro por algunas personas. Pero estas cosas no cuentan o cuentan muy poco delante del cielo. Cuando el Espíritu de Dios hace brillar Su luz sobre nuestras almas perdemos la aureola que nuestras asociaciones nos dan, y nos damos cuenta de que Dios esta lidiando con nosotros individualmente. La grandeza no tiene nada que ver con nuestras asociaciones en la iglesia. Tiene todo que ver con la fidelidad al Señor y la constante, persistente búsqueda de la santidad de vida. 

¡Cuan a menudo esta situación que enfrentaron los hijos de José se repite en nuestras vidas hoy! Los hijos de José no estaban conformes con su suerte; pensaban que no les daba suficiente campo para sus ejercer sus dones; querían una mayor esfera de servicio. Pero la verdad era que en la esfera que Dios les había dado aun estaba profundamente arraigado el enemigo. 

Su queja pudiera ser la misma—que usted no tiene suficiente campo para ejercer sus propias habilidades. ¿Esta constantemente en descontento con su suerte? ¿Se encuentra usted a menudo suspirando por mayor oportunidad para servir al Señor? ¿Esta su corazón fijo sobre algún campo misionero? Podría ser que el reflector de la Palabra de Dios le va a revelar que el enemigo aun se encuentra arraigado en su alma. Esperemos el Espíritu de Dios le revele que quizás usted no ha poseído la porción que Dios le ha dado. 

“Los canaanitas habitaran la tierra,” el enemigo ha sido desesperadamente persistente, y la verdad del asunto es que usted no lo puede echar fuera. Cuan a menudo ha dicho, “¡Si tan solo pudiera dejar este hogar! ¡Si tan solo fueran diferentes las circunstancias! Si tan solo pudiera cambiarme de este trabajo tan insignificante; no es lo suficientemente grande para mí. Yo valgo mucho mas que esta restringente y frustrante oportunidad que Dios me ha dado.” 

Al hablarle Dios el día de hoy, no se da cuenta usted de que el verdadero problema en su vida pudiera ser, no que no tenga suficiente campo para ejercer sus dones, ¿sino que no esta viviendo a toda capacidad en donde esta? Satanás esta aun compartiendo la tierra con usted. Quizás usted lo quiere dejar atrás y moverse a cosas mayores, pero este no es el método de Dios. Usted puede jalonear la correa tanto como quiera, pero el Espíritu de Dios lo va a detener y hará brillar el reflector de la Palabra de Dios sobre su vida. Él lo mantendrá en donde usted esta hasta que se haya ocupado en vivir a toda capacidad allí, hasta que—en el lugar en donde usted esta sirviendo, en la porción que por suerte Él le ha dado de acuerdo a la capacidad de su corazón por Cristo—el enemigo haya sido derrotado. 

Desde luego que usted puede hacer un lado la restricción de Dios; puede quitarse por así decirlo el freno de entre sus dientes, y no recibir la disciplina de Dios. Se puede sumergir en una esfera más grande; podría presentar su aplicación a la sociedad misionera, e ir a algún país lejano; pero al menos que viva a toda capacidad en la esfera en la que ahora se encuentra, usted estará condenado a la tragedia cuando llegue a donde vaya. El fin será una tragedia no solo para usted, sino también para otra gente si, sin saberlo su mesa directiva misionera, sin saberlo inclusive nadie más excepto Dios y usted, el enemigo en su corazón nunca haya sido vencido, y la bandera de la victoria nunca ha ondeado en su vida. 

Hay un reto aquí a vivir a toda capacidad, que surge de la queja de esta gente en esta porción de la Palabra de Dios. 

“Bueno,” alguien me dice, “Lo veo, y lo reconozco, pero ¿cómo es que todo esto se va a llevar acabo?” Permítame pedirle que se enfoque ahora en el llamado a la conquista personal. Por favor observe en el versículo 15, como fue que Josué lidió con esta queja: “Si sois pueblo tan grande”—no puedo sino pensar que ha de haber habido un poco de sarcasmo en lo que dijo—“Si ustedes dicen que son grandes, si piensan que son tan maravillosos, entonces hay mucha tierra sin ser ocupada en donde se encuentran ahora. Aun cuando son bosques,” dijo Josué, “córtenlos.” 

“Si,” respondieron los hijos de José, “todo eso esta muy bien, pero la verdad de las cosas es que aun cuando cortáramos esos árboles esa tierra no nos bastará. Ese monte no es suficiente—el enemigo habita en la llanura, y tiene carros herrados.” 

“Muy bien,” dijo Josué, “son un gran pueblo, ¿qué no? ¡Si tienen tanto poder, úsenlo! Ese monte será suyo—corten los árboles. La llanura ser suya”—en las palabras de Josué 17:18—“porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte.” 

¿Puede ver esta demoledora revelación? Podemos decir que tenemos grandes asociaciones; podemos declarar las aureolas de estas asociaciones y decir que somos parte de un gran pueblo. “Muy bien,” dice Dios. “Crees que eres grande; entonces echa fuera al enemigo. ¿Qué estas haciendo al respecto allí en donde estas, en la porción que se te ha dado?” El llamado de la Palabra es el constante, implacable, incesante llamado personal al conflicto y la conquista. “Corte la madera,” dice la Palabra de Dios. La fe debe dar contra la raíz misma del pecado; la Madera muerta debe desaparecer. Las aparentes imposibilidades que enfrentamos están solo para mostrar lo que Dios puede hacer como respuesta a nuestra fe, pues en nosotros se encuentra todo el poder de Su Espíritu que nos llena. 

El Señor les esta diciendo a algunos de ustedes que quizás estén buscando nuevas esferas y oportunidades y mayores puertas de servicio, “¿Y que con los árboles presentes en sus vidas que pudieran estar estorbando a su visión, que detienen su progreso, que le roban la victoria? ¡Córtelos!” ¿Ha permitido que la cruz de Cristo llegue hasta la raíz del pecado y la corrupción? ¿Le ha pedido al Señor que deje caer el hacha sobre la raíz de su vida misma? 

Todos reconocemos todas estas cosas que nos roban las bendiciones y nuestra victoria. El Señor dice, “Si son parte de un pueblo grande y poderoso, entonces usen ese poder y golpeen con el hacha de la Palabra sobre la raíz del pecado que existe en su vida.” Porque no existe una esfera más amplia de servicio y no hay mayor oportunidad que se nos pueda confiar sino hasta que aprendamos la lección. Deje de pedir mayores oportunidades hasta que haya hecho el trabajo en el lugar en el que Dios lo ha puesto. ¿Es su hogar mas dulce y amoroso y mas radiante porque usted es cristiano? Si no es así, entonces deje caer el hacha sobre la raíz del árbol y corte lo que sea que esta estorbando. ¡Eche fuera al enemigo! Porque si fallamos en la pequeña porción que se nos ha confiado Dios nunca podrá confiarnos cosas mayores. 

A la luz de la cruz, ¿No es verdad que el enemigo no tiene ningún derecho de morar en la tierra? ¿No es verdad que el derecho que el enemigo tenía sobre su vida le fue quitado en el calvario? ¿No es verdad que el pecado no tiene derecho a tener cabida en la vida de los hijos de Dios? ¿No es verdad que Satanás no tiene ningún poder en la presencia de la Omnipotencia? ¿No es verdad que por virtud de Su sangre y Su resurrección, Jesucristo esta comprometido a destruir completamente al enemigo? ¿No es cierto que al habitar en nosotros el poder del Espíritu Santo hay fuerzas para vencer cualquier tentación, gracia para soportar cualquier prueba, poder para vencer cualquier dificultad? 

Verdaderamente, gracias a Dios, somos un gran pueblo, no en el sentido en el que los hijos de José usaron la palabra, porque ellos pensaron que su grandeza se debía a su gran importancia, reputación, y asociaciones, sino porque en nuestros corazones y vidas están presentes el poder, la autoridad, y la soberanía de nuestro precioso Señor. Cuando por Su poder usted haya poseído su esfera presente y haya vencido al enemigo en donde usted se encuentra, entonces Él engrandecerá sus oportunidades. Con esa mayor oportunidad para servir vendrá también un mayor poder de Dios. Quizás la oportunidad limitada que Dios nos confía esta restringida porque solo hemos estado pidiendo un suministro limitado de gracia, porque hay gracia para igualar cualquier tarea que este dentro de la voluntad de Dios. 

Que el cristiano comience a pedir al Señor que agrande su capacidad para recibir a Jesús, y que haga esta la oración de su vida, “Oh Dios, hazme mas como mi Salvador.” Que el cristiano clame a Dios para que el Espíritu Santo incremente su capacidad, y pronto recubrirá que la medida de gracia incrementada merecerá entonces mayores oportunidades. ¿Puede usted ver este principio? Permítame recordarle que su capacidad para recibir más de Cristo no es incapaz de ser expandida. La capacidad para ser lleno de Cristo es elástica: esta crece con el pasar de los años. 

Recientemente estuve leyendo las memorias de Robert Murray McCheyne, ese gran hombre de Dios que pasó a la Gloria cuando solo tenía treinta años de edad y dejó detrás de él una tremenda historia de ministerio y servicio. En su propia vida de oración McCheyne oró, “Señor Jesucristo, que mi corazón y mi mente crezcan juntos como hermanos, dependiendo siempre el uno del otro. Permite que la capacidad de mi corazón y el entendimiento de mi mente incrementen con el paso de los años.” Esto es benditamente verdadero en la experiencia cristiana. Algunas personas dicen que son llenos del Espíritu de Dios. Mis amigos, esa es una bendita verdad, y mi esperanza es que todos nosotros lo podamos decirlo con sinceridad, pero somos llenos solo hasta donde llega nuestra capacidad. Siempre hay mas de Su plenitud con el pasar de los años, y usted nunca llegará a las profundidades del océano de Su gracia y poder. 

Si, su capacidad para recibir mas gracia puede crecer, y cuando la gracia incrementa, su corazón se expande, y entonces Dios le podrá confiar una mayor esfera de oportunidad. Algunos se quejan de la porción que les ha tocado y dicen que son demasiado grandes para el trabajo tan pequeño que Dios les ha dado para hacer. Quieren cosas más grandes. Mis amigos, Dios los mantendrá en donde ustedes están hasta que hayan aprendido a recibir mayor poder y gracia. Y entre mas gracia, mas expansión de corazón, mas amor, mas fruto del Espíritu Santo manifestado en su vida, mas grandes y maravillosas y mas eficaces serán las puertas de servicio que se abrirán para usted. 

Si alguien me pregunta, “¿Cómo es que mi corazón se expande para recibir mas y mas de Jesús?” Mi respuesta es esta: La capacidad para recibir la gracia de Dios y la plenitud del Espíritu Santo se mide por el carácter de su obediencia y su fe. Si usted quiere más de Él, entonces corte toda la madera muerta. Deshágase de lo que le roba la victoria, y la gracia será derramada en su vida. 

Porque entre mas grande sea la obediencia, mas grande será la disciplina, mas grande será la fe, mas plena y completa será su lealtad a nuestro precioso Señor, mas se expandirá su corazón para recibir mas de Jesús. La vida con esa capacidad no tiene límites; usted crecerá en ella, hasta que haya veces en las que va a sentir que va a reventar—pero eso no pasará. Porque al seguir y seguir con el Señor Jesucristo y al obedecerlo hoy hasta el tope, entonces mañana habrá un engrandecimiento del corazón y habrá un avance en su obediencia. Esa es la vida cristiana. 

¡Obedezca a Dios en todo hoy! ¡Eche fuera al enemigo! Deje caer el hacha sobre la raíz del árbol, y su capacidad para recibir mas de Cristo crecerá mañana. El alma del cristiano esta siempre creciendo o encogiéndose; nunca permanente igual. O crece en su capacidad para la vida porque obedece y esta determinada a dejar caer el hacha sobre la raíz del pecado, o se marchita hasta que la experiencia cristiana se pierde tras el frío muro de hierro de la doctrina y el dogma. 

Hay una paradoja maravillosa que usted descubrirá que es siempre cierta. Nótela mientras usted ve la vida de otras personas y mejor que todo, al examinar la suya propia. Aquel en la vida de quien la gracia crece, al mismo tiempo será mas pequeño en si mismo. Ya no se le nota tanto; se ve al Señor en él. Pero aquel que rechaza el camino de la obediencia y la disciplina, que no deja caer el hacha sobre la raíz del pecado en su propia vida, que se rehusa a tener una completa lealtad al Señor, se hace mas pequeño espiritualmente; su capacidad para la vida se marchita, y la gracia de Dios en el se manifiesta menos y menos. En lo único que crece es en la auto-estima. 

¡Mire al cristiano crecer! ¡Mírese a si mismo crecer! Si no enfrentamos en nuestras propias vidas las verdaderas implicaciones de este mensaje, nos marchitaremos espiritualmente. El crecimiento cristiano depende de si nos expandimos espiritualmente, para así poder recibir más gracia, de tal manera que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo nos confíen una mayor esfera de servicio, oportunidad y testimonio.