jueves, 22 de marzo de 2012

La Forma en la Que Dios Habla

16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

— 2 Timoteo 3:16-17


Primeramente y ante todo, Dios nos habla através de Su Palabra. Se nos dice en el Salmo 119:105, "Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino." 



Es innecesario decirlo, Dios nunca nos llevará en una dirección que sea contraria a lo que Su Palabra dice. Se nos recuerda en 2 Timoteo 3:16, " Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia." Así que abre la Palabra de Dios. Pasa tiempo en la Palabra de Dios. Confía en la Palabra de Dios, y la voluntad de Dios te será revelada.

Yo no soy alguien que pongo mi Biblia al viento y digo. “Señor, no conozco Tu voluntad acerca de este asunto, pero si esto es Tu voluntad, cualquiera que esta sea, permite que el viento sople y abra las paginas de mi Biblia al versículo en donde la podré encontrar.” Esto es tomar las escrituras fuera de contexto. Debemos leer libros enteros de la Biblia. Debemos obtener todo el consejo de Dios.

He encontrado que hay veces en los que simplemente leo la Biblia, y tiendo a conocer la mente de Dios y el corazón de Dios cuando tengo alguna decisión que tomar delante de mí. Es como que ni siquiera tengo que pensarlo, por que acabo de leer acerca de esto. Así que aplico estos versículos al hacer la decisión. Hay otras veces en las que encuentro que ciertos versículos parecen saltar de la página y me traen solaz o consuelo o claridad o dirección en el asunto.

Esa es la razón por la que debemos pasar tiempo leyendo la Palabra de Dios y estudiándola cuidadosamente. Es entonces cuando Dios nos mostrará  lo que es que El quiere que hagamos.


Copyright © 2012 by Harvest Ministries. All rights reserved. Translated into Spanish with permission from Harvest Ministries with Greg Laurie, PO Box 4000, Riverside, CA 92514.
Translation by Carlos Alvarado

jueves, 8 de marzo de 2012

Un Milagro Viviente


1 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. 2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.

— 1 Corintios 2:1-2


¿Alguna vez has pensado que si pudieras hacer Milagros para tus amistades no Cristianas que ellos se harían creyentes? Quizás hayas dicho alguna vez, “Si tan solo yo pudiera hacer un milagro, yo se que creerían inmediatamente.” 

No lo creo. Estoy seguro que seria asombroso. Probablemente los movería profundamente. Pero diez millones de señales y maravillas no harían que el mundo se volviera a Cristo. Cuando una persona cree en Jesús, es una acción del corazón — una acción de la voluntad la que se lleva acabo. 

Un milagro no será suficiente para convencer a alguien. Jesús resucitó a Lázaro de entre los muertos, y después, planearon matar a Jesús y a Lázaro. Juan 12 dice que cuando la multitud supo que Jesús estaba allí, fueron a la casa para verlo a El y también a Lázaro, el hombre a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Y luego los principales sacerdotes decidieron matar a Lázaro también. Pobre Lázaro. No fue suficiente que ya hubiera tenido que morir una vez, sino que ahora lo lideres religiosos querían matarlo. ¿Porque? Porque Lázaro era un milagro viviente. Tan solo su presencia era un testimonio del poder de Dios. 

¿Y sabes que? Tu eres un hombre o mujer que es un milagro viviente, si puedes hablar de como Dios ha cambiado tu vida y te ha transformado. Eres un(a) poderoso(a) representante de Jesucristo. Así que sélo. 

Nuestro Mensaje a un mundo perdido es que todos somos pecadores. Estamos separados de Dios. Pero de tal manera amó Dios al mundo que envió a Su Hijo unigénito a morir sobre la cruz por nuestros pecados y a pagar el precio por nosotros sobre esa cruz y a resucitar de entre los muertos. Eso es el evangelio. Solo proclámalo, y ve lo que Dios hará. 

Copyright © 2012 by Harvest Ministries. All rights reserved. Translated into Spanish with permission from Harvest Ministries with Greg Laurie, PO Box 4000, Riverside, CA 92514.
Translation by Carlos Alvarado

domingo, 4 de marzo de 2012

La Vida Cristiana Victoriosa Capitulo Diecisiete

Por Alan Redpath 


Viviendo a Toda Capacidad

Josué 17:18

14 Y los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: ¿Por qué nos has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros un pueblo tan grande, y que Jehová nos ha bendecido hasta ahora?
15 Y Josué les respondió: Si sois pueblo tan grande, subid al bosque, y haceos desmontes allí en la tierra de los ferezeos y de los refaítas, ya que el monte de Efraín es estrecho para vosotros.
16 Y los hijos de José dijeron: No nos bastará a nosotros este monte; y todos los cananeos que habitan la tierra de la llanura, tienen carros herrados; los que están en Bet-seán y en sus aldeas, y los que están en el valle de Jezreel.
17 Entonces Josué respondió a la casa de José, a Efraín y a Manasés, diciendo: Tú eres gran pueblo, y tienes grande poder; no tendrás una sola parte,
18 sino que aquel monte será tuyo; pues aunque es bosque, tú lo desmontarás y lo poseerás hasta sus límites más lejanos; porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte. 

—Josué 17:14–18

Usted recordará que la ultima sección del libro de Josué, lidia con los principios de la posesión de la tierra de Canaán por los hijos de Israel. Nos habla de la repartición de la tierra entre las tribus, y la erección del tabernáculo en Silo, en el mismo corazón de la tierra, y se nombran las ciudades de refugio asignadas para el juicio del pecado. Existe mucho de provecho que podríamos aprender de esta repartición de la tierra. 

El tabernáculo fue puesto en el centro: Dios estaba en medio de Su pueblo, a Su alrededor se reunían todos a adorarlo—un recordatorio, que la persona misma de nuestro bendito Salvador es la que el cristiano adora. No adoramos a la Iglesia o a alguna ordenanza: adoramos a Dios. Nos reunimos domingo tras domingo en la presencia de nuestro Señor, “Porque,” dijo Él, “donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mateo 18:20). 

De nuevo, las tribus del pueblo de Israel fueron puestas alrededor del tabernáculo; la porción que cada una tenia en la tierra correspondía exactamente con la posición en la que habían sido puestos durante su peregrinar por el desierto. Cada tribu tenía su lugar y porción determinada, así como a cada uno de nosotros se le ha concedido gracia de acuerdo a la medida del don en Cristo. Si tan solo recordáramos siempre que la gracia es dada de acuerdo al don—no la gracia que sea igual al don de otra persona, para hacer lo que se espera que otra persona haga, sino gracia para el don que Dios ha dado a cada uno de nosotros. 

Sin embargo, me voy a limitar a llamar su atención a algunos principios que tienen que ver con la posesión de nuestra herencia en Cristo Jesús nuestro Señor, al aprender una lección de la experiencia de los hijos de José según se nos cuenta en el capitulo 17 del libro de Josué. 

En primer lugar, veremos la causa por la que se estaban quejando. En el versículo 14: “Los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: ¿Por qué nos has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros un pueblo tan grande, y que Jehová nos ha bendecido hasta ahora?” Esta tribu se quejaba de que era un pueblo muy grande, y de que no habían recibido una porción de tierra digna de su grandeza. Hacían alarde de que sus bendiciones pasadas les daban el derecho a recibir un mayor galardón. Sugirieron que eran en realidad demasiado grandes para la porción tan pequeña de tierra que se les había dado. Querían mas espacio, querían espacio para poder estirarse, mas espacio para crecer y desarrollarse. Además, dijeron, como leemos en el versículo 16, que aun en la pequeña porción que se les había dado los cananeos habitaban en las llanuras y tenían carros herrados, que eran un obstáculo insuperable. El enemigo habitaría en la tierra. 

Ahora, desde luego que, los hijos de José estaban entre el pueblo que había cruzado el Jordán; habían compartido en la conquista de la tierra de Canaán. Eran la tribu de Josué; fue de la tribu de Efraín, el hijo de José, de donde venía Josué. De tal modo que ellos tenían asociaciones importantes, de las cuales estaban muy orgullosos. Así que, por sus asociaciones, se creían a si mismos un gran pueblo. Pero es aquí en donde el Santo Espíritu de Dios pone sobre ellos el reflector del cielo, los separa de todos los ejércitos del pueblo de Dios, y los evalúa de acuerdo a su propio valor. Se quejaron, “¡No tenemos suficiente lugar!” La verdad era que el enemigo estaba muy arraigado en el área que ellos tenían. 

El verdadero valor del cristiano no puede ser calculado en términos de su membresía en una comunidad cristiana. El Espíritu Santo lidia con cada uno de nosotros individualmente y muy de cerca. Usted puede viajar por el mundo y decir que es miembro de alguna iglesia u organización famosa, alguna asociación que le de a usted algún grado de respeto y hasta puede ser visto con asombro por algunas personas. Pero estas cosas no cuentan o cuentan muy poco delante del cielo. Cuando el Espíritu de Dios hace brillar Su luz sobre nuestras almas perdemos la aureola que nuestras asociaciones nos dan, y nos damos cuenta de que Dios esta lidiando con nosotros individualmente. La grandeza no tiene nada que ver con nuestras asociaciones en la iglesia. Tiene todo que ver con la fidelidad al Señor y la constante, persistente búsqueda de la santidad de vida. 

¡Cuan a menudo esta situación que enfrentaron los hijos de José se repite en nuestras vidas hoy! Los hijos de José no estaban conformes con su suerte; pensaban que no les daba suficiente campo para sus ejercer sus dones; querían una mayor esfera de servicio. Pero la verdad era que en la esfera que Dios les había dado aun estaba profundamente arraigado el enemigo. 

Su queja pudiera ser la misma—que usted no tiene suficiente campo para ejercer sus propias habilidades. ¿Esta constantemente en descontento con su suerte? ¿Se encuentra usted a menudo suspirando por mayor oportunidad para servir al Señor? ¿Esta su corazón fijo sobre algún campo misionero? Podría ser que el reflector de la Palabra de Dios le va a revelar que el enemigo aun se encuentra arraigado en su alma. Esperemos el Espíritu de Dios le revele que quizás usted no ha poseído la porción que Dios le ha dado. 

“Los canaanitas habitaran la tierra,” el enemigo ha sido desesperadamente persistente, y la verdad del asunto es que usted no lo puede echar fuera. Cuan a menudo ha dicho, “¡Si tan solo pudiera dejar este hogar! ¡Si tan solo fueran diferentes las circunstancias! Si tan solo pudiera cambiarme de este trabajo tan insignificante; no es lo suficientemente grande para mí. Yo valgo mucho mas que esta restringente y frustrante oportunidad que Dios me ha dado.” 

Al hablarle Dios el día de hoy, no se da cuenta usted de que el verdadero problema en su vida pudiera ser, no que no tenga suficiente campo para ejercer sus dones, ¿sino que no esta viviendo a toda capacidad en donde esta? Satanás esta aun compartiendo la tierra con usted. Quizás usted lo quiere dejar atrás y moverse a cosas mayores, pero este no es el método de Dios. Usted puede jalonear la correa tanto como quiera, pero el Espíritu de Dios lo va a detener y hará brillar el reflector de la Palabra de Dios sobre su vida. Él lo mantendrá en donde usted esta hasta que se haya ocupado en vivir a toda capacidad allí, hasta que—en el lugar en donde usted esta sirviendo, en la porción que por suerte Él le ha dado de acuerdo a la capacidad de su corazón por Cristo—el enemigo haya sido derrotado. 

Desde luego que usted puede hacer un lado la restricción de Dios; puede quitarse por así decirlo el freno de entre sus dientes, y no recibir la disciplina de Dios. Se puede sumergir en una esfera más grande; podría presentar su aplicación a la sociedad misionera, e ir a algún país lejano; pero al menos que viva a toda capacidad en la esfera en la que ahora se encuentra, usted estará condenado a la tragedia cuando llegue a donde vaya. El fin será una tragedia no solo para usted, sino también para otra gente si, sin saberlo su mesa directiva misionera, sin saberlo inclusive nadie más excepto Dios y usted, el enemigo en su corazón nunca haya sido vencido, y la bandera de la victoria nunca ha ondeado en su vida. 

Hay un reto aquí a vivir a toda capacidad, que surge de la queja de esta gente en esta porción de la Palabra de Dios. 

“Bueno,” alguien me dice, “Lo veo, y lo reconozco, pero ¿cómo es que todo esto se va a llevar acabo?” Permítame pedirle que se enfoque ahora en el llamado a la conquista personal. Por favor observe en el versículo 15, como fue que Josué lidió con esta queja: “Si sois pueblo tan grande”—no puedo sino pensar que ha de haber habido un poco de sarcasmo en lo que dijo—“Si ustedes dicen que son grandes, si piensan que son tan maravillosos, entonces hay mucha tierra sin ser ocupada en donde se encuentran ahora. Aun cuando son bosques,” dijo Josué, “córtenlos.” 

“Si,” respondieron los hijos de José, “todo eso esta muy bien, pero la verdad de las cosas es que aun cuando cortáramos esos árboles esa tierra no nos bastará. Ese monte no es suficiente—el enemigo habita en la llanura, y tiene carros herrados.” 

“Muy bien,” dijo Josué, “son un gran pueblo, ¿qué no? ¡Si tienen tanto poder, úsenlo! Ese monte será suyo—corten los árboles. La llanura ser suya”—en las palabras de Josué 17:18—“porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte.” 

¿Puede ver esta demoledora revelación? Podemos decir que tenemos grandes asociaciones; podemos declarar las aureolas de estas asociaciones y decir que somos parte de un gran pueblo. “Muy bien,” dice Dios. “Crees que eres grande; entonces echa fuera al enemigo. ¿Qué estas haciendo al respecto allí en donde estas, en la porción que se te ha dado?” El llamado de la Palabra es el constante, implacable, incesante llamado personal al conflicto y la conquista. “Corte la madera,” dice la Palabra de Dios. La fe debe dar contra la raíz misma del pecado; la Madera muerta debe desaparecer. Las aparentes imposibilidades que enfrentamos están solo para mostrar lo que Dios puede hacer como respuesta a nuestra fe, pues en nosotros se encuentra todo el poder de Su Espíritu que nos llena. 

El Señor les esta diciendo a algunos de ustedes que quizás estén buscando nuevas esferas y oportunidades y mayores puertas de servicio, “¿Y que con los árboles presentes en sus vidas que pudieran estar estorbando a su visión, que detienen su progreso, que le roban la victoria? ¡Córtelos!” ¿Ha permitido que la cruz de Cristo llegue hasta la raíz del pecado y la corrupción? ¿Le ha pedido al Señor que deje caer el hacha sobre la raíz de su vida misma? 

Todos reconocemos todas estas cosas que nos roban las bendiciones y nuestra victoria. El Señor dice, “Si son parte de un pueblo grande y poderoso, entonces usen ese poder y golpeen con el hacha de la Palabra sobre la raíz del pecado que existe en su vida.” Porque no existe una esfera más amplia de servicio y no hay mayor oportunidad que se nos pueda confiar sino hasta que aprendamos la lección. Deje de pedir mayores oportunidades hasta que haya hecho el trabajo en el lugar en el que Dios lo ha puesto. ¿Es su hogar mas dulce y amoroso y mas radiante porque usted es cristiano? Si no es así, entonces deje caer el hacha sobre la raíz del árbol y corte lo que sea que esta estorbando. ¡Eche fuera al enemigo! Porque si fallamos en la pequeña porción que se nos ha confiado Dios nunca podrá confiarnos cosas mayores. 

A la luz de la cruz, ¿No es verdad que el enemigo no tiene ningún derecho de morar en la tierra? ¿No es verdad que el derecho que el enemigo tenía sobre su vida le fue quitado en el calvario? ¿No es verdad que el pecado no tiene derecho a tener cabida en la vida de los hijos de Dios? ¿No es verdad que Satanás no tiene ningún poder en la presencia de la Omnipotencia? ¿No es verdad que por virtud de Su sangre y Su resurrección, Jesucristo esta comprometido a destruir completamente al enemigo? ¿No es cierto que al habitar en nosotros el poder del Espíritu Santo hay fuerzas para vencer cualquier tentación, gracia para soportar cualquier prueba, poder para vencer cualquier dificultad? 

Verdaderamente, gracias a Dios, somos un gran pueblo, no en el sentido en el que los hijos de José usaron la palabra, porque ellos pensaron que su grandeza se debía a su gran importancia, reputación, y asociaciones, sino porque en nuestros corazones y vidas están presentes el poder, la autoridad, y la soberanía de nuestro precioso Señor. Cuando por Su poder usted haya poseído su esfera presente y haya vencido al enemigo en donde usted se encuentra, entonces Él engrandecerá sus oportunidades. Con esa mayor oportunidad para servir vendrá también un mayor poder de Dios. Quizás la oportunidad limitada que Dios nos confía esta restringida porque solo hemos estado pidiendo un suministro limitado de gracia, porque hay gracia para igualar cualquier tarea que este dentro de la voluntad de Dios. 

Que el cristiano comience a pedir al Señor que agrande su capacidad para recibir a Jesús, y que haga esta la oración de su vida, “Oh Dios, hazme mas como mi Salvador.” Que el cristiano clame a Dios para que el Espíritu Santo incremente su capacidad, y pronto recubrirá que la medida de gracia incrementada merecerá entonces mayores oportunidades. ¿Puede usted ver este principio? Permítame recordarle que su capacidad para recibir más de Cristo no es incapaz de ser expandida. La capacidad para ser lleno de Cristo es elástica: esta crece con el pasar de los años. 

Recientemente estuve leyendo las memorias de Robert Murray McCheyne, ese gran hombre de Dios que pasó a la Gloria cuando solo tenía treinta años de edad y dejó detrás de él una tremenda historia de ministerio y servicio. En su propia vida de oración McCheyne oró, “Señor Jesucristo, que mi corazón y mi mente crezcan juntos como hermanos, dependiendo siempre el uno del otro. Permite que la capacidad de mi corazón y el entendimiento de mi mente incrementen con el paso de los años.” Esto es benditamente verdadero en la experiencia cristiana. Algunas personas dicen que son llenos del Espíritu de Dios. Mis amigos, esa es una bendita verdad, y mi esperanza es que todos nosotros lo podamos decirlo con sinceridad, pero somos llenos solo hasta donde llega nuestra capacidad. Siempre hay mas de Su plenitud con el pasar de los años, y usted nunca llegará a las profundidades del océano de Su gracia y poder. 

Si, su capacidad para recibir mas gracia puede crecer, y cuando la gracia incrementa, su corazón se expande, y entonces Dios le podrá confiar una mayor esfera de oportunidad. Algunos se quejan de la porción que les ha tocado y dicen que son demasiado grandes para el trabajo tan pequeño que Dios les ha dado para hacer. Quieren cosas más grandes. Mis amigos, Dios los mantendrá en donde ustedes están hasta que hayan aprendido a recibir mayor poder y gracia. Y entre mas gracia, mas expansión de corazón, mas amor, mas fruto del Espíritu Santo manifestado en su vida, mas grandes y maravillosas y mas eficaces serán las puertas de servicio que se abrirán para usted. 

Si alguien me pregunta, “¿Cómo es que mi corazón se expande para recibir mas y mas de Jesús?” Mi respuesta es esta: La capacidad para recibir la gracia de Dios y la plenitud del Espíritu Santo se mide por el carácter de su obediencia y su fe. Si usted quiere más de Él, entonces corte toda la madera muerta. Deshágase de lo que le roba la victoria, y la gracia será derramada en su vida. 

Porque entre mas grande sea la obediencia, mas grande será la disciplina, mas grande será la fe, mas plena y completa será su lealtad a nuestro precioso Señor, mas se expandirá su corazón para recibir mas de Jesús. La vida con esa capacidad no tiene límites; usted crecerá en ella, hasta que haya veces en las que va a sentir que va a reventar—pero eso no pasará. Porque al seguir y seguir con el Señor Jesucristo y al obedecerlo hoy hasta el tope, entonces mañana habrá un engrandecimiento del corazón y habrá un avance en su obediencia. Esa es la vida cristiana. 

¡Obedezca a Dios en todo hoy! ¡Eche fuera al enemigo! Deje caer el hacha sobre la raíz del árbol, y su capacidad para recibir mas de Cristo crecerá mañana. El alma del cristiano esta siempre creciendo o encogiéndose; nunca permanente igual. O crece en su capacidad para la vida porque obedece y esta determinada a dejar caer el hacha sobre la raíz del pecado, o se marchita hasta que la experiencia cristiana se pierde tras el frío muro de hierro de la doctrina y el dogma. 

Hay una paradoja maravillosa que usted descubrirá que es siempre cierta. Nótela mientras usted ve la vida de otras personas y mejor que todo, al examinar la suya propia. Aquel en la vida de quien la gracia crece, al mismo tiempo será mas pequeño en si mismo. Ya no se le nota tanto; se ve al Señor en él. Pero aquel que rechaza el camino de la obediencia y la disciplina, que no deja caer el hacha sobre la raíz del pecado en su propia vida, que se rehusa a tener una completa lealtad al Señor, se hace mas pequeño espiritualmente; su capacidad para la vida se marchita, y la gracia de Dios en el se manifiesta menos y menos. En lo único que crece es en la auto-estima. 

¡Mire al cristiano crecer! ¡Mírese a si mismo crecer! Si no enfrentamos en nuestras propias vidas las verdaderas implicaciones de este mensaje, nos marchitaremos espiritualmente. El crecimiento cristiano depende de si nos expandimos espiritualmente, para así poder recibir más gracia, de tal manera que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo nos confíen una mayor esfera de servicio, oportunidad y testimonio.

martes, 28 de febrero de 2012

Se Necesita Serlo Para Hacerlo.

"Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo." — Lucas 14:33


¿Eres un discípulo de Jesús? Solo por ser creyente no quiere decir que seas un discípulo. Todo discípulo es creyente pero no todo creyente es discípulo. 

Jesús nos dio una definición clara de lo que es un discípulo en Lucas 14. Tres veces en este pasaje, El nos dice que si no hacemos estas cosas no somos Sus discípulos. 

Primero, Jesús dijo, "Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo." (Versículo 26). Que dicho tan impactante, pero entendamos lo que Jesús estaba diciendo. El, obviamente no nos estaba diciendo que aborreciéramos en el sentido tradicional. Mas bien, Jesús estaba diciendo que tu amor por Dios debe ser tan fuerte, tan intenso, que todos los demás amores en tu vida parecerían odio en comparación. 

Segundo, Jesús dijo, "Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo." (Versículo 27). Si quieres vivir la vida al máximo, entonces debes negarte a ti mismo y poner a Cristo primero. Tú debes tomar tus metas, deseos, sueños y aspiraciones, y presentárselas a Dios. Y finalmente te darás cuanta de que los planes que Dios tiene para ti son siempre lo mejor. 

Por ultimo, Jesús dijo, "Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?. . . Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo." (Versículos 28, 33). Tú debes contar el costo de seguir a Jesús. Si, así es, ¡cuesta seguir a Jesús! Pero cuesta mas no seguirlo a El. 

Jesús nos llamó a ir y hacer discípulos (lee Mateo 28:19). Pero se necesita ser un discípulo para hacer un discípulo. 

Copyright © 2012 by Harvest Ministries. All rights reserved.
Traducido por Carlos Alvarado & usado con permiso del autor

lunes, 16 de enero de 2012

La Vida Cristiana Victoriosa Capitulo Dieciseis

Por Alan Redpath

El Galardón del Discípulo 

Josué 14:14 


6 Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti. 

7 Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. 
8 Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios. 
9 Entonces Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios. 
10 Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. 
11 Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. 
12 Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. 
13 Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad. 
14 Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel. 
15 Mas el nombre de Hebrón fue antes Quiriat-arba; porque Arba fue un hombre grande entre los anaceos. Y la tierra descansó de la guerra. 

—Josué 14:6–15


El capítulo 14 del libro de Josué contiene una muy maravillosa historia, acerca de un hombre que, a la edad de 85 años, interrumpió la repartición de la tierra entre el pueblo de Dios cuando se salió de las filas para reclamar la porción de tierra que Dios le había prometido 45 años antes. 


Caleb es uno de los grandes personajes de la Biblia. ¡Cuan profundo y sin embargo cuan sencillo fue el secreto de su grandeza! La gente que es grande no es complicada; son la sencillez misma. Usted puede leer al verdadero hombre de Dios como si fuera un libro. Para los ojos que han sido abiertos por el Espíritu de Dios es fácil discernir la grandeza de un hombre como Caleb. ¡Cuan eternos son los principios de Dios y cuan inmutables las condiciones de toda bendición espiritual! Estoy seguro que si aprendemos a seguir al Señor nuestro Dios cumplidamente como lo hizo Caleb, el resultado será él mismo tanto en su vida como la mía. El Dios de Caleb es nuestro Dios. 


Que la fe que fue nuestra durante nuestra juventud no se apague en nuestra vejez, que la visión del Señor sea aun mas clara al envejecer, que cuando nuestro peregrinar por esta vida este por terminar no estemos contentos con solo mirar hacia el pasado sino que estemos listos y ansiosos por librar nuevas batallas con nuestro enemigo—sin duda es a lo que todos aspiramos. Esta fue la aspiración de este “Gran Corazón” del Antiguo Testamento. Veámoslo a él, para ver si podemos entender el secreto de su grandeza. 

Este hombre de Dios tuvo una fe que nunca titubeo. Vuélvase atrás 45 años a aquel funesto día en la historia del pueblo de Dios según se recuenta en los capítulos 13 y 14 del Libro de Números. Después de un rápido cruce del desierto llegaron a un lugar llamado Cades-Barnea, en los mismos limites de la tierra prometida por Dios. Pero la incredulidad que tan seguido los plagó durante su peregrinar por el desierto demandaba que espías fueran enviados para explorar la tierra. Doce hombres, uno de cada tribu, recordarán ustedes, fueron enviados a reconocer el terreno. 

Después de un recorrido de inspección de seis semanas volvieron con dos reportes: un reporte de parte de la mayoría y uno de la minoría. Ahora, la mayoría reconoció que la tierra fluía con leche y miel, pero habló con temor de los gigantes. “Sin embargo,” ellos dijeron, “el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac.” [Que son descendientes de los gigantes] (Números 13:28). “No podremos subir contra aquel pueblo” dijeron. En el reporte minoritario traído por Josué y Caleb reconocieron la existencia de los gigantes, pero ellos creyeron a Dios. “Si Jehová se agradare de nosotros, Él nos llevará a esta tierra” (Números 14:8). Y nos la entregará.” Dijeron ellos. 

Ellos habían visto todo lo que la mayoría había visto, con esta diferencia: la mayoría había medido a los gigantes contra sus propias fuerzas; Caleb y Josué habían medido a los gigantes contra Dios. La mayoría tembló; los dos triunfaron. La mayoría tenían grandes gigantes y a un Dios pequeño. Caleb tenía un Dios grande y gigantes pequeños. Sin duda existía un “si” condicional en su creencia, pero no era un “si” de incredulidad en humildad: “Si Jehová se agradare de nosotros.” Al decir esto, él miró hacia atrás al peregrinar por el desierto que había durado un año; él recordó el día en él que había sido sacado de Egipto por el poder de la sangre del Cordero; él recordó la dirección segura de la columna de fuego de noche y la nube de día, y él sabia que Jehová se agradaba en Su pueblo. “Por lo tanto él nos llevará a esta tierra.” 

El clamor del pueblo fue, “Volvámonos a Egipto.” Se habían olvidado de la esclavitud. En su deseo de evitar mayores problemas y peligros en este peregrinar deshonraron a Dios. Por lo tanto Él tuvo que hacer perfectamente claro que la bendición de la tierra, que tenia que ser recibida por fe y obediencia, tenía que ser negada a toda una generación de Su pueblo con la excepción de Caleb y Josué. 

Acerca de Caleb Dios dijo, “Por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró” (Números 14:24). Como atesoró Caleb esa promesa del Señor en su corazón durante cuarenta y cinco años de cansado deambular, de incesante trabajo e interminable conflicto, de esperanzas no realizadas. Entre las murmuraciones de la gente él retuvo el propósito de seguir completamente al Señor. De la misma forma que un ilustre antepasado, “No dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios;. . . plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido;” (Romanos 4:20–21). Era una pérdida de tiempo el tratar de convencer a Caleb de que se revelara contra Moisés. Nunca se encontró entre los inconformes o entre los escépticos e incrédulos. Nunca se encontró entre la gente que anhelaba las cebollas y el ajo de Egipto. Nunca fue encontrado entre aquellos que desobedecieron a Dios o entre la gente que se volvió a la idolatría. Él había visto lo que era el galardón por la obediencia, y eso fue suficiente para mantenerlo en la verdad el resto de su vida, y fue eso lo que lo trajo finalmente al lugar que Dios le había prometido. 

Que momento cuando, a los ochenta y cinco años de edad, ese hombre, en toda la madurez de un carácter piadoso, y en toda la autoridad de alguien que cree en Dios, se salió de las filas él solo. Había pasado por muchas dificultades y había tenido éxito en la lucha para vencer a aquellos que hubieran hecho casi cualquier cosa para disuadirlo de sus convicciones. Que emoción fue escucharlo decir, “¡Ahora, después de cuarenta años de esperar, después de mucha agonía de espíritu, después de haber sido tentado por la muchedumbre a dar marcha atrás—ahora, dame la montaña de la cual habló el Señor en aquel día!” 

No se cuantos de nosotros vamos a llegar a vivir hasta los ochenta y cinco años, pero Dios sabe como anhelo que cuando llegue al atardecer de la vida yo pueda tener una fe como la de Caleb basada en una convicción inmovible de que el Señor se agrada en mi. ¿Qué no se agrada Él de nosotros? Mire la Cruz del Calvario. Seguramente Dios ha mostrado Su amor hacia nosotros mas allá de cualquier duda, en que “cuando aun éramos pecadores Cristo murió por nosotros.” 

Yo vi a Jesús, 
Nada más importa ya, 
La visión de mi espíritu, 
Al Señor Crucificado encadenada está. 

Por esa razón, no importa cuan oscuro o solitario el camino, sabemos que Dios ama a Su pueblo. Sabemos que al final de la jornada el galardón será nuestro, que con fe y con paciencia heredaremos la promesa. ¡Pero, oh, como titubea nuestra fe! ¡Como le huimos a la batalla de la vida! No siempre nos encontramos alertas; no siempre estamos vueltos hacia Jesús. ¡Como, Dios nos perdone, hemos sentido la atracción de Egipto de nuevo! Hemos estado conscientes una y otra vez de la fascinación que tenemos con las cosas que dejamos en nuestra juventud. Cuan a menudo nos hemos sentido desanimados en nuestra lucha para seguir caminando con Dios, cuan a menudo nos hemos sentido tentados a quejarnos, y cuan a menudo, Dios perdónanos, nos unimos al ejercito de aquellos que se quejan de que la vida cristiana es demasiado difícil. Tenemos que humillarnos delante de Dios cuando reconocemos que aunque hemos sido puestos en la posición de Sus hijos, en experiencia somos solo pecadores salvos por gracia. 

Mis amigos cristianos, quiero que una vez mas se vuelvan a Jesús. Miren hacia atrás y recuerden el pozo del cual ustedes fueron salvados, miren hacia atrás a la paz que vino a sus vidas, y recuérdenle a su corazón que su fe esta fundada sobre el cimiento de la convicción que “Dios amó tanto al mundo, que dio a Su Hijo unigénito” (John 3:16).

Notemos también que la fuerza de Caleb nunca se debilitó. El versículo once de este asombroso capitulo nos dice que a la edad de ochenta y cinco años Caleb declara que él es tan fuerte como cuando tenía cuarenta años. Él dijo, “Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar.” Una fe que nunca titubeó le habilitaba para poder tener una fe que nunca se debilitó—el poder de Dios mismo. Ninguna energía humana hubiera sido suficiente para las pruebas del camino. Sin embargo este hombre podía trabajar y luchar y quedar completamente exhausto, y aun así poder estar lleno de la fuerza de Dios. Si había un hombre que lo pudiera decir, él sin duda podía decir que, “aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.”

Oh, cuan precioso es para mi, al encontrarme casi a la mitad de mi vida, y conocer a personas con la edad para poder ser mi padre o mi madre, algunos de ellos sin fuerzas para salir de sus casas, algunos ya delicados en cuerpo, y sin poder asistir a la casa de Dios, alguno ya muy débiles en su mente, pero aun fuertes en la fe. Yo quiero terminar mi peregrinar por esta tierra de esa forma, ¿Usted no? Fuerte, valeroso, seguro, teniendo denuedo en la fe, y pudiendo decir, “he peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe.” Caleb podía hacer uso de la clase de fuerza que es irresistible porque el tenía una fe que nunca titubeó. 

Y su galardón fue una victoria total. En Josué 15:14 descubrimos que de toda la gente que recibió heredad en la tierra, Caleb fue el único que tuvo éxito en expulsar al enemigo. Los otros apenas y pudieron avanzar; da tristeza leer al última parte del libro de Josué, porque una y otra vez leemos, “Y no pudieron echarlos fuera.” Los carros de hierro eran demasiado fuertes para ellos—a menudo ese es el recuento del libro. Pero Caleb echó fuera al enemigo completamente, aun cuando había tres gigantes en la tierra que le tocó a él. El hombre que siguió cumplidamente a Dios fue el único que fue completamente victorioso en la lucha. 

Estamos conscientes—enfrentemos esta verdad juntos delante de Dios—de que a menudo hemos fracasado en nuestro intento de expulsar al enemigo. Él sigue acechando desde esa fortaleza dentro de nosotros de la cual nos avergonzamos amargamente en nuestros mejores momentos. Él aun conoce los puntos débiles de nuestra armadura. Pero yo siempre he encontrado que el fracaso de no echar fuera de mi vida al enemigo, se debe a mi fracaso de no seguir cumplidamente al Señor. Existe alguna falla, algo que hace que mengue la fuerza espiritual, algo que roba la vitalidad espiritual, y si no fuera por eso el enemigo sería exterminado. El triunfo absoluto es logrado solo como resultado de una obediencia total. Solo Dios sabe, al Él ver en nuestros corazones, en donde se encuentra la fuga de nuestra consagración, la falla de nuestra obediencia, el colapso en nuestro caminar con Él, que ha resultado en nuestro fracaso en completamente exterminar a nuestro enemigo. ¡Dios perdónanos, Espíritu Santo ilumina nuestros corazones! Caleb siguió cumplidamente al Señor, y echo completamente fuera al enemigo. 

Ahora usted debe observar algo más acerca de Caleb, que tenia una bendición que nunca desperdició. Porque de nuevo en el capitulo 15 se nos dice que él tenia algo extra para dar a su hija y el esposo de ella. Él pudo tomar algo de la heredad que Dios le había dado a él, y dársela a esta pareja de recién casados al ellos comenzar su vida juntos. Él les dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo. Verdaderamente se pudiera decir acerca de Caleb que él era “como un huerto bien regado, lleno de fragancia,” esta era la condición de su corazón. La bendición de su vida rebosaba de él y tocaba a otra gente, y él tenia el poder de abrir fuentes de bendición espiritual para otros. 

¿No le da hambre a su corazón de decir, “Señor Jesús, hazme así?” Al mío sí. Oh que podamos llegar radiantes a nuestra vejez y con la habilidad que se extrae de haber vivido la experiencia de la gracia de Dios para poder pasar el excedente de lo que Dios me ha dado a mí, a alguna pareja que comienza su peregrinar por la vida junta. Para poder enseñar a otros el camino de la gracia, la bendición y la victoria, y poder decir estas cosas sin que me cause vergüenza, no solamente con mis labios, sino con una vida que se ha convertido en algo dulce y lleno de gracia y semejante a Cristo—oh, que pueda tener una vejez como esa. 

Amados, había un secreto para todo esto, y fue simplemente esto: Caleb nunca languideció. Cuando a la edad de cuarenta años fue a espiar la tierra, hubo un lugar que capturó su corazón. No fue su fruto, no fue la leche y miel que lo atrajeron a ella. Para este gigante de la fe esas bendiciones eran secundarias. El nombre del lugar era Hebron. Situada sobre una escabrosa montaña, era la fortaleza más poderosa del enemigo, y era cuidada por los más fuertes de los gigantes de la tierra. Allí Abraham había puesto su tienda. Allí Dios había hablado frente a frente a Abraham. Fue allí en donde Dios le había dado a Abraham la tierra prometida. La palabra “Hebron” transmite en si misma este significado: compañerismo, amor, y comunión. Este era el lugar que Caleb quería. Es el lugar que todos nosotros debemos buscar y encontrar. 

Existe un lugar guardado por fuerzas poderosas, una fortaleza escabrosa de a cual Satanás intenta mantener alejado al pueblo de Dios a toda costa. Él está preparado para regatear por porciones de la tierra con los hijos de Dios: él les concederá los llanos y los valles, él les dará leche y miel. Ah, pero cuando Satanás ve a un alma que lucha por acercarse a la montaña de Hebron—esa alma que no estará satisfecha con nada en su vida excepto el amor, el compañerismo y la comunión con Dios—entonces Satanás es movido a dar una batalla desesperada. 

Aquí estaba el secreto de la paciencia de Caleb, de su fe, y de su completa victoria—en Hebron él había visto de lejos el galardón del discipulado—el galardón mas grande de todos. Aquí Dios se había encontrado con el hombre frente a frente. Caleb vio el lugar de comunión, de compañerismo, de la bendición infinita de Dios, y, a pesar del costo y de las dificultades, el siguió adelante hasta que Hebron fue suyo. 

“Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel.” (14:14).

Vida Cristiana Victoriosa: Estudios en el Libro de Josué 
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Traducido por Carlos Alvarado